martes, 13 de octubre de 2009

Los costos de imagen de Luz y Fuerza del Centro

Bienvenidos sean a este, mi primer post en este blog de Imagen Pública.

Mi nombre es Enrique Ortega, soy profesor de la licenciatura en imagología, en las materias de "Principios de Diseño e Identidad Gráfica" (2º semestre) e "Imagen Digital (4º semestre).

Resulta inevitable hablar del tema que, sin lugar a dudas, ha tomado la cabeza de la opinión pública en lo que va de la semana: el decreto de extinción de Luz y Fuerza del Centro, por el presidente Calderón. Por supuesto, lo haré desde el punto de vista de la imagen pública.

Es evidente que la sociedad, con este asunto de Luz y Fuerza del Centro, se ha partido en dos: por un lado tenemos a los que, como un servidor, creemos que el presidente actuó bien, puesto que era imposible seguir teniendo a instituciones sindicales como el SME o ineficientes como LyFC, que aún con un presupuesto superior al que recibe toda la UNAM, generaban menos de la tercera parte de la energía eléctrica que la CFE. Por otro lado, tenemos a los que creen que dicha acción es incorrecta, por cientos de razones que muchos ya han expuesto como la actitud anti-sindical, la preocupación por el desempleo de tanta gente, entre otras tantas.

Hace unas semanas, yo, en tono de broma, comentaba con varios amigos sobre la posibilidad de que el presidente aceptara que el PAN estaba políticamente derrotado para las elecciones del 2012. Por esta razón, yo afirmaba que la mejor opción para sacar a este país adelante fuera acabar de raíz con todos aquellos elementos cancerígenos para nuestra sociedad, comenzando por los sindicatos de las 3 secretarías que desaparecieron hace algunos días, y que se hiciera de manera tal que el siguiente presidente, fuera del partido que fuera, ya no tuviera manera de echarlo a perder de nueva cuenta. Reitero, lo dije en broma, pero pareciera que alguien me escuchó y decidió poner manos a la obra, pues me he encontrado con que el gobierno federal tuvo las agallas e inteligencia suficientes para acabar con una de las empresas más obsoletas de este planeta, no importando el costo político que traería, cosa que me da gusto porque habla de que el presidente está ya gobernando pensando en el futuro de los mexicanos, no en el futuro de su partido. Por supuesto, hay quienes afirman que el costo político en realidad no será negativo, sino positivo. Éso sólo el tiempo lo dirá.

La imagen pública del presidente es y será, a partir de esto, histórica. Pasará a los libros como un presidente que se enfrentó a un sindicato y sus mafias, por un lado, pero también como un individuo autoritario y “dictador” (como ya muchos lo tachan). El gran problema de los presidentes anteriores (al menos los últimos 2) ha sido que les han dado tanto miedo los movimientos sociales, que han terminado por desistir en sus intentos por mejorar a la patria, baste como ejemplo el del presidente Fox cuando dejó en paz el tema del nuevo aeropuerto. En cambio, el presidente Calderón, en un sorpresivo acto que dejó helado a más de uno -cosa que no debe de sorprendernos, recordemos cómo fue su toma de protesta, llena de tumultos provocados por seguidores de AMLO, pero inteligentemente el entonces presidente electo arribó al lugar con una invisibilidad absoluta y pudo convertirse en el primer mandatario ante los ojos de todos-, se armó de valor e hizo realidad el sueño de muchos mexicanos que lidiabamos constantemente con pésimas atenciones al pagar el recibo de luz o que nos llegaban recibos con costos insultantes, dado el servicio tan pobre que la compañía brindaba, en parte gracias a aquel proteccionismo que brindaba el Sindicato Mexicano de Electricistas a sus agremiados.

Otra cosa que me parece muy curiosa, es que fuera de los empleados sindicalizados de Luz y Fuerza, casi nadie, aún sintiendo que el presidente actuó mal, opina que ésa compañía estaba bien. Un gran porcentaje de comentarios que he visto en blogs, facebook y columnas editoriales afirman que Luz y Fuerza tenía problemas severos de calidad en su servicio, y su sindicato estaba manchado por las decisiones de los líderes, que no velaban por sus trabajadores sino por sus intereses propios. Era una empresa donde la persona con el menor sueldo, ganaba $16,000 pesos al mes, siendo que hay investigadores certificados que no ganan eso. La imagen pública de la compañía de Luz era, ya desde hace tiempo, bastante mala, aún con la idea de que muchos sienten que si ésa empresa era tan ineficiente, se debía en gran medida a la falta de inversión en tecnologías por parte del gobierno (y es aquí donde me regreso: LyFC tenía, entre los cobros del recibo que nos llega a casa, y el subsidio del gobierno, más dinero que la UNAM, y aún así no le alcanzaba).

Por cierto que peor está quedando la imagen de LyFC ante la ciudadanía, en primera, con las marchas y alborotos que el SME está organizando; en segunda, con las tristes ideas de sabotaje al servicio de energía eléctrica (y que, además, piensan que los mexicanos les vamos a hacer caso si nos piden que prendamos todos nuestros aparatos en casa para causar fallas); y en tercera, con el apoyo de sectores que no están precisamente muy bien ante la opinión pública, como lo son López Obrador y el PRD.

¿Se podría ahorrar dinero por otro lado que no fuera extinguiendo a esta empresa? Por supuesto que si, pero el problema es que no hay apoyo por parte de las distintas esferas de los 3 poderes de gobierno. Para muestra, la negativa de Jesús Ortega por reducir en un 50% el presupuesto que se le da a los partidos políticos… ¿acaso no con ése dinero se podría apoyar a la educación, la investigación, tecnología o simplemente a darle de comer a la gente?

¿Se podría haber evitado la extinción de LyFC con una iniciativa de ley que obligara a la empresa a modernizarse o al sindicato a tener otros derechos y obligaciones? Si, pero dudo que dicha iniciativa hubiera pasado en el congreso.

Una de las pocas cosas que el presidente puede aún hacer sin preguntarle a nadie es justo el decreto que promulgó el sábado pasado, y yo creo que hace bien en aprovechar dicho recurso. No podemos seguir como estamos hasta ahora, México puede ser un país de prosperidad. Brasil ya se dio cuenta y está luchando día con día para remediar sus errores, y vean lo que han logrado (aunque les falte muchísimo por recorrer). ¿Por qué en México no podemos hacer lo mismo? Recursos tenemos, potencial también, sólo nos falta la voluntad y las acciones. Si el presidente pasa a la historia como autoritario, como el que hizo que fuera el último presidente del PAN, como el que causó caos en este país por las movilizaciones sindicales… creo que es un costo justo, a cambio de que las generaciones que vienen, tengan un mejor nivel de vida a futuro. Si la única manera de arreglar las cosas en este país son a la mala, pues bienvenidas las medidas, porque yo quiero a un México que tenga una imagen pública de impacto positivo a nivel mundial, y lo quiero YA.



Imagen es poder.

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