Emociones postelectorales
(Publicado en Excelsior el 7 de Julio de 2010)
Termina otro periodo electoral y nuevamente surgen las típicas pugnas entre los candidatos opositores cuyos resultados no hayan arrojado un claro ganador. En los estados correspondientes, los oponentes en duelos cerrados se proclaman ganadores y exigen el ya famoso conteo voto por voto, como si los institutos electorales estatales no hubieran hecho bien su trabajo. Las diatribas siempre se darán en la misma forma pues es la emoción la que rige el proceso argumental y no la razón, como debiera ser. Hace ya tiempo que escribí en mi libro titulado “El Poder de la Imagen Pública” que el proceso de decisión humana derivado del impacto producido por una imagen pública depende mayoritariamente de los sentimientos no de los pensamientos. Este axioma se deriva de estudios científicos que han profundizado en la manera como utilizamos el cerebro en nuestras decisiones diarias, aquéllas en las que no hay cabida para el frío análisis y el estudio de la información en pro o en contra de un asunto que nos preocupa lo cual nos permitiría tomar una decisión cavilada, sino que preferimos actuar guiados mayoritariamente por la inteligencia emocional. Esto me permite afirmar que sentimos antes que pensamos, lo que fundamenta una de las recomendaciones más frecuentes que hacemos a nuestra clientela política: la de que en sus discursos se dirijan al corazón y no al cerebro, pues así lograrán convencer más fácil y rápidamente a sus seguidores produciendo mejores resultados.
Emocionalidad política...
Drew Westen, investigador en temas de personalidad y sicología social de la prestigiada Universidad de Emory en Atlanta, Georgia, USA, realizó una investigación en la que tomó un grupo de foco con personas preparadas que tenían fuertes convicciones partidistas divididas entre demócratas y republicanas y los sometió a la escucha de los discursos de candidatos opositores mientras estaban conectados a un lector de resonancia magnética que permitía revelar al través de imágenes qué áreas del cerebro se accionaban al discutir los tópicos escuchados. El estudio reveló que las áreas cerebrales relacionadas con el razonamiento estaban prácticamente desactivadas mientras que las áreas de la corteza cerebral relacionadas con las emociones entraban en profusa actividad. Adicionalmente se inducía a los miembros del grupo a que discutieran sobre las posibles contradicciones en las que caía el candidato de su predilección; al hacerlo aumentaba la lectura de la intensidad emocional mientras más se bloqueaba la capacidad racional, quedando demostrado que al calor de la emoción la discusión perdía toda lógica, la razón se cerraba y esto impedía a los simpatizantes de cada candidato poder distinguir la evidente contradicción del individuo en el que tenían puestas sus simpatías, esperanzas y creencias. Hago hincapíé en que todos los asistentes a la prueba eran individuos bastante razonables y capaces de integrar información nueva a sus juicios, siempre y cuando no contravinieran a sus sentimientos producto de su filiación partidista
La necedad...
Esto explica la necedad en las actuaciones de los dos bandos opuestos que traen en juego las gubernaturas en pleito como Veracruz o Durango. Todos se proclaman ganadores, todos se sienten con el derecho de defender lo que creen que les pertenece, todos tienen la convicción de que su proceder, ya sea impugnando el resultado de las elecciones o celebrando la victoria, proviene de la legalidad. Todos traen tras de sí gran cantidad defensores que automáticamente se convierten en los detractores del contrario y que están dispuestos a lo que sea con tal de que su guía no se pierda en el camino, con tal de que su conveniencia no se vea amenazada, de que su esperanza no se pierda. Es entonces cuando la razón se bloquea e impera la emoción que ciega la luz del pensamiento para convertirse en el cuento de nunca acabar.
Víctor Gordoa
1 comentarios:
Excelente articulo!!, algo diferente, y al final de todos esto siempre la gente siempre andara com perro y gato tras el poder... Esto es como la ley de herodes.
Saludos
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