Imagen Paterna
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Definitivamente ser papá es injusto y está en desventaja frente a la imagen que se tiene de mamá, el domingo pasado que fue día del padre pude constatarlo. Tal vez usted papá, como yo, haya vivido lo mismo… ¡nadie nos peló! ¿Dónde estuvieron las mañanitas para despertarme, dónde el regalo para hacerme feliz, dónde el desayuno en la cama, el festejo especial en las escuelas, las movilizaciones tumultuosas para comer conmigo en “mi día”, o sea, las distinciones normales que se dan cuando de la madre se trata? No lo sé, pero me parece inmerecido no haberlas recibido. ¿Por qué habrá tanta diferencia entre las imágenes paterna y materna? Sígame leyendo pues creo haber hallado las causas.
Figura ausente...
Desde tiempos inmemoriales el jefe del clan ha tenido que desempeñar el rol del cazador y junto con otros hombres salir a rifarse la vida para conseguir el alimento que la prole necesita. Mientras la madre ha debido quedarse en la cueva a cuidar del hogar, palabra que describe al fuego cuya brasa encendida era vital para sobrevivir. Ya de entrada esta diferencia de roles tuvo que haber marcado para siempre la memoria genética de los miembros de la familia con respecto al padre y habernos otorgado a priori la imagen de figura ausente en la familia. Cuán injusta recriminación.
Figura disoluta...
(Disoluto.- Licencioso, entregado a los vicios) El hombre al salir a cazar siempre ha tenido que arrostrar vivencias muy difíciles, luchar contra la bestia, sufrir las inclemencias del tiempo, pasar hambre, enfermedades y heridas de batallas mil para por fin conseguir el alimento que permitiera al clan sobrevivir. Es lógico entonces que después de tantas penalidades, el jefe del clan tuviera ganas de festejar el cabal cumplimiento de su misión y que para ello hubiera buscado reunirse con sus compañeros de aventuras y entregarse en cuerpo y alma a comer, beber, cantar y jugar. Al fin de cuentas se lo merecía y para ello no hacía otra cosa que utilizar los satisfactores que se había ganado. Nadie se atrevía a echarle bronca por hacerlo, simplemente se lo merecía. Pero los tiempos han cambiado y ahora resulta que cuando el sufrido padre desea distraerse un poco utilizando para ello algo de su sueldo, lo único que merece es la calificación de irresponsable, de disoluto. Cuán injusta recriminación.
Figura refocilosa...
(Refocilar.- Recrear, alegrar. Dícese particularmente de las cosas que calientan y dan vigor.) En los tiempos prehistóricos el clan estaba constituido por hombres y mujeres que nada sabían de mandatos instituidos para otorgar en posesión exclusiva una mujer a un hombre. Simple y sencillamente eran las mujeres del clan y por tendencia natural debían aparearse para conservar la especie. Cuando el hombre llegaba después de haber luchado con todo y contra todos, resultaba lógico que sintiera cierta necesidad de refocilar, de calentarse y recuperar el vigor y que para ello tomara a la mujer que más le apeteciera, por supuesto con su correspondiente y total anuencia. Nadie le recriminaba que una noche estuviera con una y la siguiente con la otra. Era lo normal. Ahhh... pero cuando el hombre se hizo sedentario y quiso asegurarse de que el hijo que esperaba su mujer fuera verdaderamente suyo con el fin de heredarle el fruto de su trabajo, creó el matrimonio como mecanismo que le otorgara en exclusiva el uso de una mujer. Craso error, pues después ellas voltearon la sartén y fueron quienes se adjudicaron en exclusiva la propiedad del hombre. Tragedia sin fin, pues la necesidad de refocilación nunca amainó y sí la cantidad de herederos inmerecidos. Hoy, al pobre padre se le acusa de libertino e infiel, cuando lo único que hace es responder a una imperiosa necesidad genética arraigada en el inconsciente colectivo masculino. Les repito… Cuán injusta recriminación.